El otro día estaba en la universidad y me tomé medio litro de jugo de naranja pasteurizado, consecuentemente, me dieron ganas de orinar y cuando voy a los baños de la universidad me encuentro con esto:
Y al verlos, giré sobre mis talones y busque por los alrededores arboles a los cuales pudiera acudir, pero no encontré ninguno que estuviera fuera del alcance de la vista de los humanos.
De tal modo, no tuve más remedio que devolverme al baño, armarme de valor, aguantar la respiración y entrar a vaciar mi vejiga. La experiencia, debo decir, fue peor que vivir una película de terror: no veía casi nada, olía horrible y sentía que en cualquier momento tropezaría con un cadáver que yaciera en el suelo o que un Nigga me sonreiría en la oscuridad y me atracaría, mataría o violaría; no sé como pude orinar, no sé como apunté, porque estaba muy oscuro y mis manos temblaban, quizás fallé, pero al final lo logré, vacié mi vejiga, salí corriendo, sin detenerme a lavarme las manos porque por suerte tenía antibacterial en mi bolsillo.
Espero que más nunca me den ganas de orinar en la universidad, y ni pensemos que algún día mi organismo se antoje de un Número 2 mientras me encuentre allá.



